La economía colaborativa es una tendencia imparable, que ha levantado negocios a día de hoy tan reconocibles como Blablacar, AirBnb o Uber. El principio es básico, si tienes una buena idea, no es necesario que convenzas a un banco de que te financie, la brillantez de la idea hará que muchos pequeños inversores convencidos saquen el proyecto adelante. “Gente normal, financiando a gente normal”.

¿Cómo se puede aplicar al mercado inmobiliario? Desde el punto de vista del comprador, a través de este tipo de plataformas se consigue financiación hipotecaria cuando el crédito bancario es inaccesible o se consigue en condiciones poco ventajosas. ¿Por qué iba alguien a financiar la casa de un desconocido? Evidentemente, este modelo es colaborativo, pero no a fondo perdido. Con una aportación mínima que oscila entre los 100 €, cualquiera puede convertirse en inversor inmobiliario, y recibir una retribución mensual atractiva – más aun si se tiene en cuenta que la retribución en fondos de inversión se encuentra bajo mínimos-. Además esta retribución puede ser doble ya que a la parte proporcional del alquiler del inmueble que recibes, hay que sumar la posible plusvalía resultante de la venta del mismo.

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¿Parece un negocio redondo en el que todos ganan verdad? De hecho, Housers, la primera plataforma de este tipo en nuestro país realizó recientemente una campaña para construir un edificio en el barrio de Tetuán (Madrid) con garajes, piscina y jardín. En menos de dos meses (54 días) la operación finalizó con 1.278 inversores que aportaron 1,2 millones de €. Aunque este es solo un pequeño ejemplo, el inversor elige los proyectos en función del riesgo que está dispuesto a asumir (más riesgo, más beneficios), de hecho, más del 23 % de Housers diversifican su inversión en al menos 5 cinco proyectos distintos.

Sin embargo empiezan a oírse voces que alertan sobre la falta de regulación de este producto. Ante el auge de la financiación participativa en este primer trimestre de 2017, se ha puesto de manifiesto que la ley vigente recoge la supervisión de la CNMV para las compañías del sector que se dedican a la intermediación financiera, pero no a las que recaudan para proyectos propios. De esta forma se está trabajando para revisar la ley de fomento de la financiación empresarial para ampliar su ámbito de aplicación y dotar de una mayor protección a los inversores de este tipo de plataformas.

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